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Presentar/representar la homosexualidad en México : paratopía y escenografía en dos obras con temática gay : El diario de José Toledo (1964) y Utopía gay (1978)

par RODRIGUEZ Antoine

Este artículo está publicado en versión francesa en :
- « Scénographie et écriture de l’homosexualité dans deux romans mexicains : El diario de José Toledo (1964) et Utopía gay (1978) », Lectures du genre nº 3/ 2008 : La paratopie créatrice. http://www.lecturesdugenre.fr/Lectu...

Sobre todo no puede atacarse a los sistemas omniscientes y predicarse a Marx sin convertirlo en filosofía profesional porque en un sistema capitalista ni la praxis te convierte en verdadero marxista y entonces no te queda más que vivir en el error como el homosexual en una sociedad rabiosamente heterosexual. José Rafael Calva, Utopía gay.

Para Fidel Reyes Rodríguez

Introducción

La historia canónica occidental de la narrativa con temática gay empieza a darse en Europa a finales del siglo XIX, tras haberse acuñado el término homosexual, inventado por el escritor húngaro Károly Mária Kertbeny y teorizado por el discurso médico y psiquiátrico como una inversión sexo-genérica en seres que pasaron a pertenecer a un tercer sexo – almas de mujeres en cuerpos de hombres o almas de hombres en cuerpos de mujeres-. Se inició una literatura basada en esta noción entre cuyos representantes más destacados se encuentra Marcel Proust y ya en el siglo XX Colette y Jean Genet. Paralelamente, y contra esta noción de tercer sexo, escritores como André Gide redefinen al homosexual -o pederasta- a partir de la idea de virilidad, excluyendo del eje paradigmático a los invertidos, o sea a los “afeminados” o “locas”. Cuando en 1964 aparece en el campo literario mexicano lo que la crítica considera como la primera novela homosexual -El diario de José Toledo de Miguel Barbachano Ponce- ya existía en Europa y Estados Unidos una pre-historia temática y canónica, a veces “escandalosa” con novelas como las de Jean Genet . La narrativa homosexual, en sociedades fuertemente machistas y homofóbicas, corre el riesgo de ser censurada y expone a los autores a una posible estigmatización social y profesional. Al publicar El diario de José Toledo, novela precursora en la novelística gay mexicana de los años 1960, Miguel Barbachano Ponce se halla confrontado a la imposible visibilidad social y literaria de las relaciones homosexuales. Construir su obra va a significar para él hacer posible esa visibilidad y legitimarla como temática literaria. El concepto de escenografía, desarrollado por el teórico francés Dominique Maingueneau y definido como una puesta en escena de la enunciación que justifique y legitime la inserción de un autor en el campo literario (Maingueneau, 2004 : 70-223), va a ser particularmente esclarecedor para evidenciar las estrategias específicas de las que se vale Barbachano Ponce. Más adelante, a finales de los años 1970, como consecuencia del cuestionamiento contracultural a los que se sometieron los valores dominantes heteronormados en la década de los 60, de las aportaciones de la crítica marxista y del desarrollo de los movimientos por la liberación homosexual, la literatura con temática gay parece exponerse sin tapujos e incluso reivindicar su pleno reconocimiento, si no en la sociedad mexicana, por lo menos en su campo literario . Este parece ser el caso de la novela Utopía gay de José Rafael Calva que incluyo en el corpus de este estudio y de la que me interesa analizar el muy desplazado prólogo, insertado entre el penúltimo y último capítulo, que presenta, casi a posteriori, una escenografía particular en torno a la escritura y a su manera de incluirse en el campo literario. Las nociones de escenografía y de paratopía (Maingueneau, 2004) nos invitan a considerar ya no tanto el contenido de la obra en interacción con el contexto, sino la manera cómo este contenido se pone en escena para legitimarse dentro del campo literario y social. Aunque la paratopía, según Maingueneau, esté estrechamente vinculada a la figura del autor, incluso inscrita o creada en su biografía, preferimos analizar lo que la escenografía apunta como situación paratópica, ya no del autor, sino del enunciador global o de los enunciadores particulares de la obra. La elección de un determinado enunciador participa de una estrategia particular para ubicar (positionner, según la terminología de Maingueneau) la obra en el campo literario. Que la figura del enunciador corresponda o no con la propia puesta en escena pública del autor nos parece más problemático de percibir en nuestro corpus, en la medida en que, para ciertas obras con temática gay, sospechamos que el autor pone en marcha un procedimiento de distanciación para evitar cualquier identificación entre la orientación sexual de los protagonistas y la suya. Tampoco nos parece pertinente, a no ser que en la vida pública lo haya explicitado el autor, intentar ver si el propio escritor de las obras con temática gay es homosexual o si tiene tendencias homosexuales. Esto nos conduciría a entrar en el complejo laberinto de las definiciones de la homosexualidad, cuando lo que interesa es ver cómo se ubican las obras gays “militantes” en el campo literario y social y qué tipo de representaciones y modelos ofrecen para el público.

El diario de José Toledo o cómo legitimar la publicación de la primera novela gay en el México de la década de los 60 Estructuralmente El diario de José Toledo se compone de un aparato paratextual (subtítulo a modo de nota roja, texto de la nota roja y comentario anticipatorio del enunciador global ) y del texto de la novela dividido en dos unidades que se van entremezclando a lo largo del relato. Se trata, por una parte, del contenido del diario íntimo, que se supone aporta una explicación al suicidio del protagonista José Toledo, y, por otra parte, la narración, entre dos fragmentos del diario, a cargo de un enunciador anónimo. El paratexto, lugar privilegiado de la escenografía, instancia legitimante que inscribe el texto en una filiación genérica – el diario íntimo en este caso preciso- explicita, gracias al subtítulo “Quítose la vida el señor José Toledo” (Barbachano Ponce, 1988 : 7), el suicidio del protagonista. El texto de la nota roja, además de proporcionar detalles sobre el suicidio, justifica la presencia, y de cierta manera la elección, del diario íntimo como una manera de revelar las causas : El burócrata José Toledo, de veinte años de edad, se tiró de la azotea del edificio número 60 de la calle de Simón Bolívar en la colonia Asturias. En el hospital “20 de Noviembre” del ISSSTE expiró el joven. Sus padres dijeron que desconocen las causas por las cuales se arrojó al vacío. (Barbachano Ponce, 1988 : 7)

A pie de página, se halla en cursiva este comentario del enunciador global : “Un día de agosto, meses antes de que te suicidaras, comenzaste un diario.” (Barbachano Ponce, 1988 : 7) A partir de este paratexto, la novela de Barbachano Ponce multiplica los signos de una inscripción en el contexto social “realista” e invita al lector a entrar en la intimidad del protagonista para dilucidar el misterio de su suicidio. Nada en el paratexto indica que el protagonista sea homosexual. La revelación de su homosexualidad se aplaza y se deduce lateralmente en el primer párrafo de la novela : Martes Hoy me hablaste temprano como siempre Wenceslao […] ; por otra parte, me hiciste enojar con tus preguntas diarias : que si no había ido a buscarme el cuate del coche verde, que si no había encontrado a alguien en el camión ; acuérdate que tú también ves muchas cosas en la calle y nunca te lo reprocho, además, sabes que soy tuyo en cuerpo y alma, y lo seré toda mi vida, aunque no lo creas. (p. 9)

El paratexto parece establecer una primera distancia entre la instancia autoral y el contenido homosexualizado del diario. De hecho la elección del diario íntimo confirma esta puesta a distancia con la enunciación de un diarista definido (José Toledo) que en ningún momento se puede confundir con la enunciación anónima del enunciador global y omnisciente de la novela. Éste toma la palabra para comentar, explicar, desarrollar o completar el contenido del diario. Describe el mundo social en el que se mueven el protagonista y sus amigos, así como las andanzas y los encuentros del amante de José Toledo fuera de la ciudad. Cuando se trata de comentar las actividades o pensamientos de José Toledo, este enunciador, como si deseara estar en empatía con el diarista, se dirige a él en segunda persona : “mientras tanto tú dormías, José. Las preguntas que revolvieran tu mente descansaban ya en el pozo negro de tu cerebro” (p. 11). Si el diario tiene como función la de explicar las causas del suicidio – José Toledo se suicida porque lo abandonó su amante para con quien experimentaba una fuerte pasión-, la segunda narración explicita el sistema social en el que se da este suicidio : un mundo heteronormado en el que a José Toledo le es imposible, por ser homosexual, hablar abiertamente de su relación amorosa frustrada, un mundo heteronormado por el que el homosexual tiene que caminar con la máscara heterosexual si no quiere ser víctima de agresiones y estigmatizaciones. El enunciador global describe con frecuencia los encuentros amorosos de los amigos heterosexuales de José Toledo en lugares públicos, lo que contrasta con su aislamiento social y señala que la frontera entre vida privada y vida pública en los heterosexuales es menos nítida que en los homosexuales. La construcción de la novela, en la escenografía que elabora, puede leerse como un indicio paratópico. Estamos frente a una enunciación global híbrida que no es exactamente un diario íntimo ni una novela con narrador omnisciente pero que participa de las dos instancias genéricas. La puesta a distancia autoral, lograda mediante el diario firmado por un personaje ficticio, facilita la toma de palabra en tercera/segunda persona de un enunciador anónimo que, a pesar de su omnisciencia, y a partir de una indeterminada orientación sexual, se limita a comentar la situación del burócrata homosexual. Esta enunciación global señala la difícil, casi imposible, inscripción de una novela exclusivamente gay en el campo literario mexicano a principios de los años 1960, cuando la ciudad de México está gobernada por el regente Ernesto Urruchurtu (1952 – 1966), quien somete a la sociedad a una despiadada moralización con clausuras de antros, y particularmente de bares gays, con quema de libros pornográficos en el zócalo y con una elaboración de normas católicas heterosexuales de decencia. Y esa casi imposible inscripción en el campo literario mexicano es lo que produce este tipo de obra y este tipo de puesta en escena de la enunciación. Según cuenta el propio autor, la novela nace de un diario que se encontró en un camión y que él reelaboró para componer una ficción que reflejara a un homosexual de la época . Como es sabido, en una sociedad heteronormada, todo ciudadano es normalmente heterosexual salvo prueba de lo contrario, y es bajo fianza de esta heterosexualidad cómo parece publicarse, en México, la primera novela con temática homosexual que pone en escena a un burócrata “masculino”, es decir no afeminado. La representación artística del homosexual de la época referida en la novela, a través esencialmente del cine, se limitaba a la figura de la loca, extremadamente afeminada. Nuestro protagonista está más cercano de la figura del homófilo “masculino” tal y como fue difundida, entre otras, por la revista francesa Arcadie . La novela no reivindica abiertamente una postura militante. No hay un planteamiento ideológico. Sólo lateralmente es cuestionada la exclusividad de la norma heterosexual por condenar a todo ser homosexual al silencio, al aislamiento e incluso al suicidio. El contenido de la novela, estratégicamente, no recae sobre la autoría del enunciador global, que es la figura más directamente vinculada con el autor, sino sobre el protagonista del diario. Éste no critica ni denuncia las normas que hacen imposible la expresión pública de su sufrimiento. La novela, por su estructura, revela lo que el sistema dominante niega, condena y estigmatiza. Muestra, ante todo, a un ser común que sufre de una pasión amorosa de lo más banal. Estamos lejos de los estereotipos negativos acarreados por el imaginario científico-popular que define al homosexual como un enfermo, un criminal, un perverso, un monstruo, un ser abyecto en resumidas cuentas. El diario de José Toledo aparece en un contexto en que toda visibilidad homosexual es socialmente condenada. Las estrategias escenográficas revelan la distancia que el autor tuvo que marcar entre su posible representante literario – el enunciador global- y el protagonista homosexual.

Utopía Gay o cómo ubicar el discurso militante dentro del campo literario mexicano de los años 80

Utopía gay de José Rafael Calva cuenta, de manera humorística y a través de largos soliloquios internos, la relación de pareja entre Carlos y Adrián, cuando éste se percata de que está embarazado. Entre los numerosos centros de interés de la novela, el largo prólogo, pospuesto entre el tercero y cuarto capítulo, presenta varias funciones que se entremezclan y que se pueden considerar como una inflación de argumentos legitimadores. Dice la filiación y rupturas temáticas frente a otros autores de la literatura universal ; dice cómo y por qué se escribió este tipo de novela ; inserta, de modo ejemplar, datos personales del enunciador-autor ; arremete contra “los moralistas y reprimidos” y reivindica un tipo particular de relaciones gays. Este prólogo explicita e intenta legitimar los “ritos genéticos” que hicieron posible la elaboración de una temática y estética particular. Empieza contando que la escritura de la novela fue motivada por el deseo del autor de presentarse en “el medio literario como un autor joven y prometedor” (Calva, 1984 : 156), que un amigo profesor y novelista le dijo que tenía que leer más y particularmente a escritores como André Gide que habían tratado literariamente la homosexualidad, que el título es una referencia a la obra filosófica de Moro y Erasmo, que el humorismo tiene como modelos a Fernando de Rojas, Miguel de Cervantes, William Shakespeare, Laurence Sterne y Bernard Shaw. Está claro que las menciones de estos autores canonizados en la historia de la literatura universal tiene como función mostrar la gravedad y lo literariamente serio del proyecto novelístico. El prólogo, en vez de situarse como lo exigen las normas paratextuales en las páginas liminares de la obra, se pospone a la página 155 y su localización se justifica de la manera siguiente :

Aprovechando que Adrián por fin se quedó dormido y que Carlos duerme también […] creo que ha llegado el momento que yo salga al foro y diga alguna palabra […], ya que el primero sorprendido con esta narración soy yo mismo. Por eso aquí y no en ningún otro lado me corresponde dejar de transcribir y escribir mi PRÓLOGO que está bien en este sitio (pues no espere el lector que yo, como muchos otros autores, diga que pueden arrancar estas páginas y ponerlas al principio, o que yo soy desordenado y arbitrario, con lo que cualquier argumento es insuficiente para justificar tanto que este prólogo deba estar aquí o no) conforme voy a explicar : […] Que el origen y desarrollo de esta narración son producto de algo que no planeé y que auténticamente me la saqué de la manga como voy a contar. (pp. 155-156)

No es casual que, para una novela cuyo objetivo, entre otros, es cuestionar el sistema heteronormado, reivindicando la existencia y reconocimiento social de la homosexualidad y abogando por una transformación de la realidad según los preceptos marxistas, el prólogo ocupe un lugar que, de alguna manera, cuestiona las normas genéricas de la construcción canónica novelística ; y cuestionando las normas genéricas es como el autor opera una ruptura con la literatura anterior. Señala la construcción enunciativa de la originalidad de su proyecto novelístico, un proyecto novedoso en cuanto a su estructura y sus modalidades de escritura así como respecto al tratamiento de la homosexualidad. Al contrario de la novela de Miguel Barbachano Ponce, el enunciador-autor de Utopía Gay sí se define como homosexual, mencionando, entre otras cosas, su relación con Toño : “me fui con Toño (mi amante) a Acapulco” (p. 158), “Toño y yo andábamos de novios y éramos mucho más efusivos que ahora” (p.158). La clara mención de la preferencia sexual del enunciador-autor se vincula con la clara determinación militante de su discurso :

La razón entonces de que mi utopía sea gay es para enfatizar que toda utopía tiene su encanto que podemos hacer de nuestra vida y espacio vital una utopía definida algo así como un sueño hecho realidad, lo que está a tono con Marx en cuanto a transformar la realidad y no sólo conocerla. Precisamente eso en mi texto hizo que mi propia utopía se volviera un reto para mí extraliterariamente y fuera de la novela, porque la homosexualidad hoy está muy injustamente reprimida al punto que por ejemplo en México oficialmente no existe, como tanto digo en el texto, y debemos todos esforzarnos por llevar su existencia a plena luz para así poder demostrar que es algo constructivo y perfectible. (p. 159)

En varios momentos, los personajes arremeten contra el sistema coercitivo heteronormado y homofóbico donde los homosexuales sufren condenas, encarcelamientos, extorsiones por parte de la policía y violaciones físicas, con un lenguaje desprovisto de eufemismos : “valemos menos que perros” (p. 127) ; “Surge el puto como algo intermedio entre una puta y una puñeta” (p.128). Incluso denuncian la gran hipocresía de muchos machos heterosexuales que, tomando como pretexto el alcohol, no dudan en acostarse con homosexuales. Pero paralelamente a este cuestionamiento sociopolítico, Utopía gay aboga por un tipo de relación gay particular, excluyendo y estigmatizando dentro de la comunidad homosexual otros tipos de comportamientos. El prólogo denuncia, acusando el “antimodelo” de la pareja Wilde-Bosie con que se ha quedado el imaginario colectivo, el estereotipo de la relación homosexual como relación conflictiva y poco duradera. La obra, en varios lugares, valora la relación duradera entre dos hombres varoniles cuyos papeles sexuales son intercambiables. El embarazo de uno de los protagonistas no le resta virilidad ni le asigna el papel que la mujer tiene en la pareja heterosexual tradicional. La definición del homosexual y del tipo de comportamiento viril que ha de tener se hace en oposición a la imagen de la loca, del homosexual extremadamente afeminado. La influencia de autores como André Gide, defensores del pederasta viril y decente, así como la imagen del homófilo decente y discreto que defendían los intelectuales de la revista francesa Arcadie se deduce en filigranas como un modelo de construcción de la figura del homosexual en la novela. La estigmatización a la que los protagonistas someten los comportamientos homosexuales que se alejan de sus posturas se aplica, casi de manera delirante, a las relaciones lésbicas. Dice Adrián :

El lesbianismo que no lo entiendo porque no hay coito sin pene digo yo y los sustitutos no hacen coito si por eso las lesbianas son tan conflictivas y acaban en el suicidio cuando menos las conocidas si con el deseo sexual que nunca llega a su plenitud y con todo y orgasmo se autoaniquilan hasta que lo único que les queda es una vida que ya no quieren y entonces se matan como culminación de su propia destrucción. (p. 48)

La supervaloración de las relaciones homosexuales viriles e intercambiables contra los estereotipos de afeminamiento parecen ser una estrategia para cuestionar una imagen “falseada” de la homosexualidad pero vigente en las décadas de los 60 y 70, incluso entre homosexuales, que se remonta al discurso etiológico de la medicina y psiquiatría de la segunda mitad del siglo XIX, cuando surgió la idea según la cual el homosexual, en comparación con el heterosexual, era un ser mentalmente enfermo, genéricamente invertido que pertenecía a la nueva categoría de tercer sexo. A modo de ejemplo se pueden citar los extractos siguientes :

[…] las salas de espera de los psicoanalistas están llenas de gays porque se sienten locos y creen que la homosexualidad es enfermedad mental y todo por el afán de conquistar un sitio en la realidad en lugar de vivir nuestra realidad […] (p. 60)

[…] y resulta que somos reencarnación de mujer qué pendejada […] (p. 61)

Por eso el tercer sexo es inexistente y más bien se trata de una realidad aparte donde el concepto sexual de hombre y mujer cambia en sus casos y los papeles de hombre y mujer quedan como meras referencias –que ni siquiera son arquetipos, como incluso muchos homosexuales piensan- y es que, mientras no afronten la relación como una relación interior y sexual de dos hombres, así como suena, de dos hombres, no entenderán su condición diferente de gays, como precisamente por eso no la entienden los bugas. (p. 74)

Utopía gay, con lo que podríamos llamar sus torpezas homofóbicas contra las locas y las lesbianas, así como con una cierta dosis de misoginia, presenta un proyecto subversivo en tanto cuestiona los estereotipos cómodos de la ideología dominante. Cuestiona, señalando la posibilidad de una bipolarización hombre/hombre, la bipolarización hombre/mujer como única referencia en las relaciones de pareja. La pareja gay no es un simulacro de la pareja heterosexual tradicional donde uno asumiría sexualmente el papel del hombre y el otro el de la mujer. Demuestra, en cierta medida, que la heterosexualidad no es normal sino normada y que la homosexualidad, como la heterosexualidad, no es más que una mera preferencia sexual. En la medida en que la ideología dominante sirve también de discurso constitutivo en la formación del ser estigmatizado, imponiendo y legitimando la estigmatización, el discurso militante de Utopía gay pone en tela de juicio la propia mitología “falseada” del ser homosexual.

Conclusión

A pesar de presentar protagonistas homosexuales similares -hombres viriles alejados de la figura de la loca- El diario de José Toledo y Utopía gay muestran dos maneras muy distintas de ubicarse e imponerse en el campo literario mexicano. La primera novela elabora una escenografía literaria en torno a la elucidación de un suicidio misterioso. El juego entre el acercamiento al personaje gay y el alejamiento con la narración del enunciador global es una estrategia discursiva para hacer visible la relación amorosa de un homosexual de principios de los años 60. Hacer visible sin comprometerse es lo que parece plantearse la enunciación en esta novela. Utopía gay se vale de un copioso prólogo para legitimar su calidad literaria, convocando a figuras canonizadas de la literatura universal. Parece ser una de las condiciones para presentar el discurso militante pro gay. Ya no se trata de esconderse tras una enunciación anónima, sino de dotar al enunciador de una experiencia homosexual e inte|ectuil`que lo autorice a presentar un determinado tipo de relaciones gays. La clara identificación del enunciador del prólogo con el autor convierten la paratopía potencial del escritor comprometido en la lucha por la defensa de los homosexuales en paratopía creadora. Más allá de las estrategias enunciativas, las dos novelas muestran dos maneras paradigmáticas de enfocar la cuestión homosexual : limitarse a describir las relaciones gays y su difícil aceptación en el sistema dominante o explicitar una denuncia de la homofobia, cuestionando la validez del sistema heteronormado dominante para que las mentalidades heterosexuales, e incluso homosexuales, vayan aceptando el pleno reconocimiento de sexualidades diversas.

Bibliografía

Barbachano Ponce, Miguel, 1988 [1964], El diario de José Toledo, México, D.F. : Premia Editora. Calva, José Rafael, 1984 [1983], Utopía Gay, México, D.F. : Editorial Oasis. Mingueneau, Dominique, 2004, Le discours littéraire, paratopie et scène d’énonciation, Paris : Armand Colin. Murat, Laure, 2006, La loi du genre, Une histoire culturelle du “troisième sexe”, Paris : Fayard.